Cuando Pau nos dejó de forma inesperada, Francina (que era compañera mía en una coral) acudió rápidamente en mi ayuda. Vino a casa y habló con un hermano, un amigo, conmigo —su esposa— y con sus hijos. A partir de nuestras conversaciones elaboró un texto describiendo a Pau como si lo hubiera conocido. Las personas que me acompañaron a la ceremonia pudieron hacerse una idea de cómo era él gracias a sus palabras. Creo que Pau no podría haber tenido mejor despedida que la que ella organizó, explicando la muerte como un paso más dentro de nuestra existencia. Nadie como ella entiende el sentido trascendental de la muerte. Nunca tendré palabras suficientes para agradecérselo.