Quién soy

Celebrante de funerales, homenajes y otras ceremonias personalizadas

Acompaño a las familias en uno de los momentos más delicados de la vida: la despedida de un ser querido.

Mi camino hasta aquí no ha sido casual; nació de la pérdida.
Hoy dedico mi vida a crear ceremonias que ayuden a decir adiós con serenidad y a recordar con amor.

Mis inicios

Cuando la muerte me daba miedo.

Me llamo Francina Jaumandreu Charles y nací en Barcelona.

De pequeña tenía mucho miedo a morir y estaba convencida de que no viviría más allá de los catorce años.

No fue así, pero desde muy joven empecé a vivir pérdidas que me marcaron profundamente.

Algunas eran las que todo el mundo considera “naturales”, como la de mi abuelo y mi abuela; otras fueron repentinas y dolorosas: mi compañero y padre de mis hijas; el mismo año, mi abuela; y poco después, mi padre.

La muerte de mi padre

Su muerte me dejó una herida profunda.

Él vivía en Venezuela y yo en Barcelona, y a principios de los años noventa solo nos podíamos comunicar mediante cartas manuscritas que tardaban semanas en llegar.

Cada vez que recibía una, el corazón se me aceleraba con ansiedad por conocer sus noticias.

Hasta que un día, en lugar de su carta, recibí una nota de un conocido suyo explicándome que mi padre había muerto hacía unos meses.

Aquel mensaje fue un golpe devastador. Yo tenía 35 años y hacía nueve que no nos veíamos.

No pude despedirme de él: no sé cómo fueron sus últimas horas, o si alguien sostuvo su mano en su último aliento, ni siquiera sé dónde está enterrado.

Me quedó un vacío inmenso, lleno de preguntas sin respuesta.

Durante años guardé ese dolor en un rincón oculto de mi corazón, como si fuera la única manera de poder seguir viviendo.

Y así pasaron muchos años, hasta que la vida me puso delante la pérdida más impensable de todas: la de mi hija.

El amor no acaba con la muerte; solo cambia de forma.

El homenaje a Anahí: el punto de inflexión

Cuando el amor se transforma en homenaje.

Entre mayo del 2000 y febrero del 2001 había perdido a tres personas muy importantes para mí: el padre de mis hijas, mi abuela y mi padre.

Pero no fui plenamente consciente de la importancia de despedirse de alguien amado hasta que murió Anahí, la mayor de mis tres hijas.

Un accidente de moto lo cambió todo en cuestión de minutos.

La devastación fue tan grande que, al principio, no fui capaz de hacer nada para despedirme de ella.

Quienes la queríamos —familiares y amigos— la acompañamos en la intimidad el día de su cremación en Collserola.

El mismo día en que nos entregaron la urna con sus cenizas nos reunimos en su playa favorita.

Ya había anochecido cuando empezaron a llegar todas las personas que querían estar a nuestro lado.

Aquel homenaje improvisado fue silencioso, profundamente emotivo y triste, pero también absolutamente necesario.

Lo organizaron sus amigos con todo su amor, aunque, en medio del shock, ni siquiera pensamos en avisar a mucha gente que también la quería.

Entonces sentí la necesidad de preparar con tiempo un homenaje para Anahí en el que pudieran estar todos.

Un mes más tarde le ofrecí un acto lleno de palabras bonitas, música, gratitud, nostalgia y amor.

Como me ocurrió con mi padre, tampoco pude despedirme de ella en vida, y había muchas cosas que me habría gustado poder decirle.

En aquella celebración se congregaron cientos de personas que la conocían y la querían.

Su homenaje me hizo sentir mucha paz y me ayudó a comprender hasta qué punto ese acto había sido importante para iniciar mi propio camino de trascendencia del dolor.

El descubrimiento de una vocación

Cuando encontré mi camino

Aquel homenaje me abrió los ojos. No solo comprendí la fuerza transformadora de una despedida vivida con amor y sentido, sino que, sin saberlo todavía, empezaba a encaminarme hacia una vocación que marcaría el resto de mi vida.

Poco después, una persona conocida me propuso trabajar con ella celebrando ceremonias de despedida no religiosas en un tanatorio. Acepté, movida por la curiosidad y por una necesidad profunda de poner mi granito de arena ayudando a otras familias a despedirse de sus seres queridos.

Después de todo lo que había vivido, necesitaba hacer algo que me ayudara a darle sentido a mi vida.
Con los años me he dado cuenta de que ningún otro oficio me ha apasionado tanto como este.
A veces pienso que todas mis experiencias vitales —incluidas mis pérdidas— me estaban preparando para mi misión de vida.

Nunca podré evitar que las familias a las que acompaño sientan la tristeza y el dolor de la ausencia.

Pero sí puedo ayudarlas a despedirse bien: con dignidad, amor y serenidad.

De alguna manera, este camino también me ha ayudado a comprender y elaborar lo que me sucedió, lo que le sucedió a mi hija y todo lo que vino después.

Cuando empecé no sabía nada de este oficio, pero puse en él todos mis sentidos: aprendiendo de cada ceremonia, de cada difunto y de cada familia, y creando poco a poco mi propio método.

Así nació mi vocación: transformar el dolor en ceremonias que aporten paz.

Valores que dan sentido a la despedida

Personalización, proximidad, honestidad y humanidad
Cada ceremonia que acompaño nace de una manera muy concreta de entender la vida y la muerte. Descubre aquí los valores que guían mi manera de acompañar a cada familia.

Mi formación y aprendizaje

Todo lo que he aprendido para poder ayudar

Con los años he combinado mi experiencia personal con formación especializada en acompañamiento en el duelo y crecimiento interior.

Sentí que formarme me ayudaría a hacerlo aún mejor.

La experiencia de mis propias pérdidas, unida a una formación específica en acompañamiento del duelo y del sufrimiento, han ido configurando a una persona que ama profundamente su oficio y lo ejerce con profesionalidad y delicadeza.

A nivel teórico, me he formado en distintos ámbitos vinculados al crecimiento humano y al acompañamiento.

Formación especializada destacada:

  • Grief counselling y acompañamiento emocional en procesos de duelo — Instituto IPIR de Duelo y Pérdidas, Barcelona.
  • Compassion Cultivation Training — Compassion Institute, Universidad de Stanford.
  • Fundamentos de Terapia de Compasión Basada en los Estilos de Apego — Dr. Javier García Campayo, Asociación Española para la Investigación en Mindfulness y Compasión, Universidad de Zaragoza.
  • Acompañamiento espiritual en la enfermedad y el proceso de morir — Dr. Enric Benito Oliver.
  • Acompañamiento espiritual a personas con sufrimiento — Sara Pons Pallarès.
  • Celebrant Plus — Match & Dispatch Outstanding Celebrant Training, UK.

Mis maestras y maestros han sido profesionales como Alba Payàs Puigarnau, Enric Benito Oliver, Sara Pons Pallarès o Javier García Campayo, quienes me han ayudado a entender el acompañamiento, el sufrimiento, el duelo y la compasión desde una mirada profunda y humana.

A nivel de desarrollo interior, he participado en retiros de interioridad y meditación con Berta Meneses y Xavier Melloni, fundamentales en mi proceso de evolución espiritual.

Como celebrante de funerales y homenajes de vida, empecé de manera autodidacta, ya que ni en Cataluña ni en España existía —ni existe aún— formación específica en este ámbito.

Todo lo que he aprendido proviene de la práctica, la observación y, sobre todo, de la escucha atenta de cada familia, de cada historia y de cada despedida.

Ampliando la mirada para humanizar las despedidas

Abriendo ventanas a nuevas maneras de decir adiós

Entre 2024 y 2025 tuve la oportunidad de participar en un programa europeo de formación avanzada para celebrantes de funerales con experiencia. De la mano de profesionales del Reino Unido, con una trayectoria amplia en la celebración independiente de funerales, pude conocer nuevos estilos y aproximaciones a los rituales de despedida.

Este aprendizaje me ha permitido ampliar la mirada e incorporar nuevas formas de entender y vivir las ceremonias, al tiempo que me ha reafirmado en la importancia de aportar mi granito de arena a la transformación de las prácticas y costumbres funerarias en Cataluña y en España.

El futuro de las despedidas pasa por poner el foco en la persona, su historia y su legado.

Mi misión y mi legado

El sentido de todo esto.

Acompañar a las personas a despedirse de sus seres queridos con amor y gratitud es mi misión.

Cada funeral que diseño y celebro es una oportunidad para crear un espacio de dignidad, belleza y consuelo, donde el recuerdo se transforma en homenaje y el dolor encuentra un camino hacia la paz.

Al mismo tiempo, siento el compromiso de transmitir todo lo que he aprendido a las nuevas generaciones de celebrantes de funerales.

Cuando llegue el día en que ya no tenga fuerzas para acompañar personalmente a las familias, ese conocimiento y esa mirada serán mi legado:

una manera de impulsar un modelo de ceremonia más cercano, más consciente y más humano.

Este es el camino que me ha traído hasta aquí: un recorrido lleno de pérdidas, aprendizajes y descubrimientos que me han transformado y me han enseñado el valor inmenso de despedirnos con amor.

Hoy me pongo a tu lado para ofrecerte este bagaje y acompañarte a crear una despedida con alma, llena de sentido y fiel al recuerdo de quien amas.

El impacto de una despedida es para siempre

No la dejes en manos del azar: haz que sea como tú deseas.