Aceptar la pérdida y reencontrar la paz

Este texto nació en un momento de búsqueda interior. Habla del proceso de aceptar aquello que cambia de forma pero no de esencia, y de cómo reencontrar la paz en medio del movimiento constante de la vida. Una mirada serena sobre el duelo y la transformación.

“La vida es un proceso de devenir. Una combinación de estados por los cuales tenemos que pasar. Donde nos equivocamos las personas es en que deseamos escoger un estado para quedarnos en él. Esto es una forma de morir.”~Anais Nin.

Las relaciones con significado son cruciales para nuestra felicidad. Necesitamos el vínculo humano para sentirnos conectados y plenos, y disfrutamos mucho más de la vida cuando la compartimos con las personas que amamos.

A veces, sin embargo, nos separan por la fuerza. Salir adelante cargando con la pérdida puede ser una de las cosas más difíciles de hacer. Cada cual afronta su dolor de forma diferente, y algunos de nosotros no lo llegamos a hacer nunca.

Cuando perdemos a alguien que amamos, se distorsionan nuestro universo y nuestra paz, y todo parece estar descalabrado. Nos imaginamos un futuro que nunca existirá y un pasado al cual queremos regresar, y nos sentimos como si ya no fuéramos de esta realidad y de este momento presente. Perdemos el norte, el sur, el centro… perdemos el arraigo con la tierra.

Un buen día, después de mucho tiempo de llorar y preguntarte insistentemente porqué, te das cuenta de que aquellas personas no han desaparecido, sino que sólo han cambiado. Entonces tomas conciencia de que no estás luchando contra una pérdida, sino contra un cambio. Siempre nos resistimos fuertemente a los cambios, intentamos por todos los medios quedarnos en el estado presente de comodidad y seguridad, porque el cambio, cuando no es deseado, nos da mucho miedo y es muy difícil de afrontar.

Pero la vida es un cambio constante, a veces muy intenso, como cuando sufrimos una pérdida.

En el universo nada se pierde. Todo es energía, y la energía no se pierde nunca. Aquellos que se han marchado de aquí quizás ya no forman parte del mundo material, ya no son una persona tal y como la conocíamos hasta ahora, pero siguen siendo parte de este mundo de alguna otra forma. Quizás nosotros no llegamos a entender los lenguajes del universo, no podemos identificar aquello que va más allá de los sentidos materiales, que aparentemente son los únicos que tenemos y sabemos usar. Pero… esto quiere decir que no existe nada más?
Saber que aquella persona no ha desaparecido más que físicamente, y se ha transformado en algo que yo no entiendo, me ayuda a aceptar la nueva realidad.

Lo dije una vez en un escrito de los primeros tiempos: las cosas ya no son mejores ni peores que antes: son radicalmente diferentes. Ahora es más diferente si cabe.

Ellos han cambiado, y nosotros tenemos que hacer lo mismo. Después de un cambio traumático no nos quedan muchas más opciones que cambiar nosotros. Y no hay que esforzarse para cambiar: viene solo.

Si decidiéramos no aceptar el cambio nos estaríamos obligando a estancarnos y a andar hacia atrás. No sería esto una forma de morir?

Nada de lo que conocíamos hasta ahora ha dejado de existir: sólo se ha empezado a transformar, y ahora es diferente. Diferente en la forma, que se va adaptando a las fluctuaciones vitales. El fondo, en cambio, es solo uno, y es inmutable.

Francina Jaumandreu

Mayo 2017